L’amour en el auto-stop (El regreso p3-final)

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aquí es donde tenia que ir.

Desperté temprano y cambie de estrategia, llegue a la plaza Victoria, y tome el tranvía, fui a la otra punta de Bordeaux, por donde está la universidad, que parecía un pueblo fantasma. Era temprano y había neblina por todos lados. La verdad me sentía idiota caminando entre la universidad sin nadie por ahí, y sin saber si serviría de algo, pero seguía mi corazonada, allí mi mapa decía que era la periferia y estaba la autopista del sur por lo tanto tenia que tener alguna calle que entrase a la autopista, yo debía ir allí.

Me costó encontrarla, porque el mapa que tenia no abarcaba esa parte de la ciudad, y por donde caminase era como estar en un laberinto, en un momento pensé que la había encontrado pero salí a un puente por encima de la autopista, y me detuve en el medio para ver a ambos lados y tratar de ubicar esa calle que me esperaba.

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Caminé una media hora hasta dar con la calle, una vez allí encontré un lugar idóneo para esperar algún auto, había un cartón en el piso que ponía Toulouse, una buena señal, eso me decía que hubo un autoestopista que lo levantaron de la ruta y abandono su cartón ahí. Por el otro lado del cartón coloque “Bayonne” un punto de referencia para que supiesen que iba al sur.

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Un minuto después de mostrar mi destino a los coches que venían por la ruta, se detiene uno; Pierre, Clemence, y Victoria una bebe de 5 meses de edad fruto del amor de sus padres. Mi segunda familia que me levantaba de la ruta.

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mi punto de espera, con mucho espacio para frenar

Sinceramente va a ser difícil de describir lo que vi, y sentí con ellos, pero lo intentare. Esto tengo que recordarlo de alguna manera.


Inciso: desde que tengo uso de razón nunca he visto a mis padres juntos como familia, solo en fotos y la gran mayoría de las fotos son con mis hermanos, por lo tanto, cada vez que veo una pareja con hijo/a que están juntos me parece admirable, y me siento parte de lo que les rodea.
Como observador, tengo que decir que soy muy voyeurista, los detalles más simples de un acontecimiento como es la familia con todas las letras me da escalofríos y me hacen llenar de felicidad. Aunque nunca lo haya vivido para recordar. La ausencia de ese episodio personal en mi memoria hace que me lo imagine en la vivencia de otros.


Subí al coche de Pierre de 26 años, un chico alto, de pelo oscuro, y muy simpático, que usaba una camiseta de rayas horizontales que es típica del área de Bretagne, y que se ha convertido en un cliché francés a lo largo de los años. El había hecho un intercambio de estudios por 6 meses en Madrid y sabia español, pero nos comunicamos mayormente en ingles para que Clemence de 23 años, enfermera, se uniera en la conversación, una chica un poco más baja que él, cabello castaño medio y usaba un vestido azul de flores diminutas rojas y violetas. Una de las parejas mas encantadoras que he visto.

Desde el momento en que subí al coche, un coche que se detuvo a recoger a un desconocido total en medio de la ruta, un coche que a penas mostré el cartel hizo lo imposible para orillarse y tomarme de allí, un coche que tenia un bebe de 5 meses iba a montar a un tipo que hacia auto-stop. Para mi esto es una prueba sin precedentes e irrefutable, de la hospitalidad de las personas. Es una lección a todos los que no se detienen en la ruta a subir a un desconocido que no tiene cara de psicótico, ni carga un hacha en la mano.

Y allí entro yo en el cuento; Victoria una bebe adorable como ella sola, estaba en el asiento de atrás en su sillín dormida, coloque mi mochila a su lado y me senté en la otra ventana, para incluirme en el viaje. Pierre comentó que esa mañana iba a ir un amigo de ellos en el asiento donde yo estaba, pero que tenia una resaca considerable del día anterior, no se despertó, y decidieron dejarlo. Por lo tanto, era el destino quien nos cruzaba en este camino.

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El viaje de ellos era por ir a una boda en Saint-Jean-de-Luz al sur de Francia, casi en la frontera y les pregunte en cuanto me enteré, si podían llevarme allí, ya que esta más cerca de la frontera que Bayonne, y ellos encantados me llevaron hasta la frontera, porque en medio del camino decidieron ir a España a comprar jamón serrano.

Yo venia con una sonrisa de esas que se te sale del rostro hablando con los dos, de todo un poco, eventualmente hacíamos silencios, o hablaban entre ellos en francés. Ella lo miraba tan enamorada como él de ella, y se notaba por todos los rincones desde donde lo mirase, aunque yo estuviese allí, ellos simplemente eran ellos, sin maquillajes ni pantomimas. Sus voces cambiaban para comunicarse para dirigirse al otro. Y claro que eso los hacia especiales.

Un momento como ese era necesario inmortalizarlo, pero ¿cómo haces una foto de ese momento sin que pierda la esencia que fluctúa entre el aire que los separa? Tienes que haberlo vivido en carne propia para saber lo que ellos se aman, quizás como tu, o yo hemos amado a alguien alguna vez.

Al despedirnos me entraron unas ganas inmensas de abrazarlos, y no se porque me contuve, me dieron su email, y una invitación a Bordeaux cuando quiera… Mi segunda invitación de la ruta.

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